
Cada vez es más acuciante la necesidad de tratar desde el aula los temas éticos y los problemas de convivencia, de prevenir disfunciones sociales y de aumentar el capital cívico. La inclusión en el currículo de Educación para la Ciudadanía trata de atender esta importante necesidad. Estos días leemos con estupor y vergüenza ajena, la polémica suscitada por "Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos", una asignatura propuesta por el gobierno del PSOE, que clérigos y demás bienpensantes censuran por sus contenidos. El arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, comenta en un foro universitario, que transigir con esta nueva asignatura es colaborar con el Mal, el Mal con mayúscula, el Averno, el Infierno y toda su maldad, para una materia cargada de buenas intenciones. Pero, ¿esta asignatura es suficiente para sensibilizar a los y las escolares sobre el respeto al prójimo?
Desde que se conociese la intención gubernamental de implantar EpC se levantó una viva polémica motivada por la fuerte oposición a esta asignatura entre sectores conservadores españoles, que afirman que el Estado asume la educación moral de los individuos, sustrayendo a los padres el derecho a decidir dicha educación para sus hijos.
Por su parte, el gobierno sostiene que la asignatura servirá para educar "en valores democráticos y de tolerancia".
Por su parte, el gobierno sostiene que la asignatura servirá para educar "en valores democráticos y de tolerancia".